miércoles, 25 de junio de 2008

Pequeños lechones de la vida

Hay veces en la vida que te encuentras pequeños lechoncetes que piensan que por ser tu jefe pueden hacer lo que le venga en gana sin problemas.
Ahora mismo me estoy encontrando con este problema en mi vida. Mi jefe es un lechón.
Os pongo en antecedentes. Es el típico tio que basa su miserable existencia envidiando al de al lado.
- Tiene un cochazo como corresponde a un jefe, que para eso lo es y se lo ha ganado a base de seguir con vida en esta empresa (sí... es la típica empresa grande, por supuesto no doy nombres, donde un ingeniero sólo necesita seguir con vida suficientes años para ascender, es decir, si te tiras 5 años en la empresa llegas a jefe de pichuflín, si son 10 de pichuflán, y la única forma de que no llegues a jefe de jander es que te mueras antes de esos años o te vayas)
- Tiene un sueldazo como corresponde a un jefe, que para eso lo es y se lo ha ganado...
- Tiene como dos o tres pisos como corresponde a...

Creo que habéis captado la dinámica.
¿Os podéis creer que me envidie a mí, un triste lechón con dos años de experiencia en esta empresa Vs. 20 años calentando la silla, porque me preocupé de aprender idiomas en su día? Pues sí.

Ahora la técnica que usa conmigo es la de "tu trabajo es una mierda". Reconozco que durante un tiempo le funcionó, pero ahora mismo me la pela. Si me importase algo su opinión ahora mismo estaría en el psicólogo denunciando un caso de mobbing, pero como estoy profunda e intrínsecamente convencido de que es un pobre diablo que ni tiene confianza en sí mismo ni en su trabajo estoy dándole de su propia medicina... trabajo a reglamento y le pido autorización para absolutamente todo. Si supiera lo que dice no habría problemas, pero como no tiene ni puta idea de cómo hacer su trabajo al final se ve a sí mismo como el gañán que es... el mobbing se revuelve en contra suya.

I´ve got the power.

1 Comentário:

Unknown dijo...

Compadre, a nadie le gusta que le muestren sus propias limitaciones.

Pero hay hombres Hombres que aprenden a aceptarlas como adultos, hay hombres Superhombres que intentan superarlas... y luego hay gañanes.

O lechones, si lo prefieres.